Ayer era el primer día de guardería de mi hijo de 18 meses al que le estuvimos explicando que era un sitio con muchos juguetes, al que iba a divertirse y aprender junto con otros niños. Esa era mi idea de una guardería, imagen mental que se desvaneció al minuto de estar allí. La experiencia fue tan terrorífica que duramos exactamente 30 minutos en ella.
 
Abrí la puerta y una de las educadoras vino hacia mi. Le explicó que es el primer día del peque, me lo quita de las manos y me dice en el mismo descansillo que ya me puedo ir. “¿Cómo que ya me puedo ir? ¿Y el objeto de apego y el meterme en la clase con el peque hasta que coja confianza?” Me dice que eso es imposible porque hay niños que todavía no están adaptados y si me ven se van a poner a llorar. “¿Quéeeeeeee?”. Le digo que no me voy a ir sin saber que mi hijo va a estar bien y ya haciéndome un favor y con cierto aire de molestia, me dice que mire por una ventana de la clase azul y a través de ese cristal veo durante varios largos minutos a mi hijo llorar como nunca antes, gritando “Mamá” en los brazos de una mujer, que le sostiene con frialdad, que le ha quitado de los brazos de su madre sin presentarse, sin decirle ni una palabra cariñosa y  se me cae el mundo. Le digo que le saquen y me lo den. Y allí, sentados en el suelo de la guarde nos quedamos abrazados un buen  rato, tranquilizándonos y recuperándonos del impacto. 
 
Para mi, fue un shock, sé que el primer día de guarde es duro para el peque y los papás, pero no hay ninguna necesidad de esa brutalidad, de esa falta de respeto al niño y a los padres, de ese poco tacto, de esa falta absoluta de empatía y sensibilidad. ¿Realmente cree que me iba a ir tranquila y a dejar a mi hijo así? 
 
Pasado un buen rato, allí,  sin que nadie nos hiciera caso y una vez más tranquilos, el peque empezó a ver juguetes y a acercarse a ellos y yo empecé a pensar con claridad. Llamé a la ‘educadora’ y le dije que nos íbamos, que creía en una crianza respetuosa y con apego y lo que acaba de ver era completamente opuesto a la educación que yo quería para mi hijo. 
 
Para mí, un periodo de adaptación es darle un espacio de tiempo al niño para reconocer un sitio, para sentirse seguro y cómodo en él y eso se consigue con la compañía y el apoyo de sus padres y siendo sumamente respetuoso con sus ritmos.  Obviamente para esta escuela  la adaptación es imponer. Aguantar que el niño esté llorando tres horas el primer día, dos el segundo y una el tercero. Así con un poco de suerte en un mes, el niño estará plenamente ‘adaptado’ al sistema. Adaptación que para mi no es otra cosa que resignación a un sentimiento profundo de abandono. Sería interesante ver las consecuencias emocionales que a largo plazo puede conllevar esto. (Aquí incluyo el link a una entrevista a Eulàlia Torras de Beà, doctora, psiquiatra infantil y psicoanalista hablando sobre las guarderías. Tiene algunos años pero no tiene desperdicio.)
 
Me siento una privilegiada, he podido cuidar de mi hijo desde que nació y puedo elegir libremente llevarle o no unas horas a una escuela, pensé que era buena idea que empezará a relacionarse y socializar con otros niños y yo también disponer de un tiempo para mis proyectos, obviamente no ha sido buena idea, no  he acertado con la elección de la guarde, pero me puedo quedar en casa con él, si así lo deseamos los dos. 
 
No puedo evitar pensar en los padres que se ven forzados por su trabajo y su situación familiar a dejar a los niños en esas condiciones. Esta guardería estaba llena, algunos de los niños, vecinos que conocía. ¿Ellos tuvieron un mejor comienzo, les trataron con más respeto y empatía o simplemente aceptaron esa situación y se fueron cuando la educadora se lo dijo, evitando ver la dantesca escena? ¿Quizás ellos han asumido que las cosas son así, porque también las vivieron de esa manera de niños? No lo sé.
 
Me quedo con las sensación de vivir en una sociedad profundamente enferma, en la que las personas hemos de encajar en un sistema inflexible e inhumano. Lo peor de todo es que nos han aleccionado de tal manera que encontramos cosas como esta ‘normales’. Comparto el link a un post que encontré ayer de Crianza y Confianza que explica maravillosamente bien por qué esta sociedad está fundada sobre las bases del desapego. Da que pensar. Por suerte algo está cambiando y nuevos proyectos de educación consciente comienzan a despegar. Tendremos que encontrar el nuestro.

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