Estoy embarazada de 8 meses y medio y pronto pasaré por el proceso del parto y del nacimiento de mi hijo con todo lo que ello conlleve, así de natural y así de simple,  para mi no tiene mucho más misterio. Sin embargo he podido observar con gran sorpresa que para muchas mujeres esto no es así.

He visto mujeres que se esconden del parto, que lo niegan, que no hablan de él, que se mantienen con un gran actividad física y mental hasta el último minuto en que no pueden más, como un método de evasión de la realidad que les está esperando, como si no pensando en él fuera a pasar de largo y la cigüeña resolviera la papeleta en el último minuto. He escuchado comentarios del tipo, es increíble que a las alturas que estamos tengamos que seguir pariendo así, tendrían que inventar algo para solucionarlo.

No podría estar más en desacuerdo,  no soy masoca, no me quiero regodear en el dolor, pero negar o ignorar las cosas no me ayuda, no quiero sufrir, tampoco me resigno pero asumo que el sufrimiento es parte de la vida igual que lo es el placer en el mundo dual en el que vivimos. No me considero valiente, probablemente mi pareja añadiría que soy tirando a cagueta pero hay algo que si tengo claro, quiero vivir mi vida con conciencia y  asumo la responsabilidad de lo que me ocurre.

Soy mujer y eso me da la inmensa oportunidad de albergar vida, de transformar mi cuerpo y mi Alma para dar la bienvenida a un nuevo ser. Caballeros… no cambiaría la sensación de sentir las patadas de mi bebé por nada del mundo, ni por tener el cuerpo de los 20 años, ni por evitarme tener todas las estrías, celulitis y kilos de más.

Asumo la responsabilidad de mi embarazo, mi pareja y yo así lo decidimos conscientemente.
Asumo la felicidad que me embarga  y las molestias físicas que sufro.
Asumo el momento del parto sin expectativas, me comprometo a vivirlo sin lucha, sin resistencia, me dejaré fluir en las situaciones y  tomaré decisiones en base a ellas.

Asumo que estar tranquila y sin miedo es lo mejor que puedo hacer por mi y por mi bebé pero si el miedo y los nervios insisten en visitarme, les diré hola, reconoceré su presencia sin reprimirla, pero les invitaré amablemente a que se vayan, no están invitados a la fiesta.
Asumo mi parto como una oportunidad de recobrar mi poder como mujer, ese que tanto insisten en arrebatarnos.

Asumo que el personal sanitario no puede enseñar a mi cuerpo a parir ni a mi bebé a nacer, ambos lo llevamos en la sangre,  pero agradezco enormemente su presencia y acompañamiento en caso de necesidad.
Asumo que quiero un parto sin anestesia, quiero sentir mi cuerpo, mis piernas, quiero empujar,  prefiero la brevedad del natural a las consecuencias de la anestesia para mi hijo y para mi. Pero si por algún motivo esto no pudiera ser así, asumiré las circunstancias y mis límites sin sentirme derrotada por ello.

Asumo que daré a luz en un hospital que se adapta a mi idea de parto respetado y del piel con piel, pero es al fin y al cabo un hospital, asumo que tendré que hacer valer mi derecho a decidir sobre mi cuerpo y sobre mi hijo pero también asumo que tendré que flexibilizar con sus protocolos.

Asumo que mi bebé nacerá y con él nacerá una mamá y un papá con sus miedos e inseguridades, asumo que a veces acertaremos y otras nos equivocaremos pero siempre haremos las cosas lo mejor que sepamos y con todo nuestro amor.

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